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Los pactos permiten a la derecha salvar el poder local

El PP entró a la campaña de las elecciones municipales herido de muerte y ha salido de las votaciones de los alcaldes salvando los muebles y recuperando Madrid, la joya de la corona. Tras intensos tiras y afloja con Ciudadanos y Vox en los últimos días, la formación de Albert Rivera ha permitido que el PP recupere aliento, le ha entregado la capital —y ni siquiera ha conseguido a cambio alguna autonomía en las que sus votos eran imprescindibles, solo dos ayuntamientos de capitales de provincia— y le permite que, pese a perder algunas capitales de provincia y ciudades de más de 100.000 habitantes, pueda decir con claridad que es el gran dominador del eje de la derecha. Los socialistas, que ganaron las elecciones locales con claridad, han recuperado terreno, pero el pacto de PP, Ciudadanos y Vox les ha impedido crecer más.

La inédita fractura de la política española deja algunas combinaciones imprevistas en los 8.131 municipios que eligen este sábado a su alcalde. La derecha atesora algunos de los emblemas locales (recupera Madrid y Zaragoza, con lo que controlará dos de las cinco grandes capitales), aunque en muchas ocasiones el PP tendrá que compartir el poder con las otras fuerzas de ese bloque (Ciudadanos y en menor medida Vox).

Madrid ya ha elegido al popular José Luis Martínez-Almeida, tras una tensa negociación en la que Ciudadanos (Cs) aceptó finalmente al candidato del PP. La gran sorpresa es Ada Colau, que ha arrebatado Barcelona al independentismo, avalada por la consulta interna de Barcelona en Comú que apoyó gobernar con el PSC y aceptar el respaldo gratuito de Manuel Valls. Mientras, la derecha ha consolidado a última hora su bloque en otros territorios. El fraccionamiento ha dejado 1.500 municipios en los que son imprescindibles los acuerdos.

Este mismo sábado a primera hora, cuando todavía no se conocían los detalles de la fórmula de gobierno en Madrid, Vox ha anunciado un pacto con el PP, que cuenta "con el acuerdo de Cs", para "impedir ayuntamientos de izquierdas en municipios de toda España". Según el partido de extrema derecha, el pacto contempla gobiernos de coalición en los que Vox obtendría "concejalías de gobierno en proporción a sus resultados en cada localidad", en las que se incluye Zaragoza. La fórmula de gobierno, en colaboración con Ciudadanos, incumpliría la decisión de la Ejecutiva del partido de Albert Rivera de no cogobernar con Vox.

Entre los primeros alcaldes que han tomado el bastón de mando está Joan Ribó, en Valencia, que ha sido reelegido con los votos de su formación, Compromís, y de los socialistas. Ribó "ha prometido trabajar para que todos los valencianos y valencianas disfruten de los derechos fundamentales". En Andalucía, el PSOE finalmente contará con tres de las ocho capitales después de arrebatar, en el último suspiro, la alcaldía de Jaén a los populares gracias a un acuerdo con Ciudadanos. En Burgos, Vox se ha saltado el acuerdo entre las tres derechas y será el PSOE quien lidere la alcaldía y no Cs, como estaba previsto.

En Cataluña, la decisión de Ada Colau, que durante los primeros días dudó si apoyaba al independentista Ernest Maragall, puede tener importantes consecuencias políticas de fondo. Para empezar, Colau ha logrado mantenerse como uno de los pocos de los llamados alcaldes del cambio, junto con José María González, Kichi, de Podemos, en Cádiz, y Ribó, en Valencia.

Colau continuará siendo un símbolo de esa gran ola que irrumpió en 2015, en pleno hundimiento del PP y del PSOE. Su pacto con el PSC, que ella misma rompió hace un año y medio, empuja también a un acercamiento entre los dos grupos clave para la legislatura en el Congreso de los Diputados, el socialista, con 123 escaños, y el de Podemos, con 42.

Ese acuerdo, sin embargo, puede traer consecuencias negativas para la investidura de Pedro Sánchez. ERC tenía todas sus esperanzas puestas en la conquista de Barcelona con un peso pesado como Maragall, hermano del histórico alcalde del PSC y expresidente de la Generalitat, ahora en las filas independentistas. Ese ha sido precisamente el argumento de Manuel Valls para entregar los votos gratis a Colau: la necesidad de evitar que el independentismo, que ya domina la Generalitat, controlara también un lugar tan simbólico como Barcelona. Ese movimiento no ha gustado nada al líder de Cs, Albert Rivera.

La política española ha dado un vuelco radical en los últimos cinco años, desde la aparición de Podemos y la consolidación de Cs. A esas novedades, que ya marcan los Gobiernos en casi toda España, se sumó este año Vox, el quinto elemento. La noche electoral todo parecía muy abierto, con posibilidades de pactos cruzados en toda España y un gran protagonista central: Cs, que podía sacar mucho partido si decidía jugar a dos bandas. Pero después de tres semanas intensas de negociaciones, el mapa que queda este sábado en toda España consolida una idea clara, con algunas excepciones: el país ha pasado del bipartidismo, que dominaba hasta hace cinco años, a una división en dos bloques. Ese bibloquismo (PSOE y Podemos por un lado; PP, Cs y Vox por el otro) se repite por casi todo el país. Cs no ha querido jugar a dos bandas, con la excepción de Castilla-La Mancha, donde ha pactado con el PSOE.

Uno de los territorios donde los pactos funcionaron en sentido algo diferente fue el País Vasco. Allí, el PNV se ha hecho con las principales alcaldías, incluidas las tres capitales, gracias al pacto de gobernabilidad que la formación nacionalista ha suscrito con los socialistas.

Giro en Zaragoza

Vox hizo sufrir a todos hasta el último minuto porque reclama que se le reconozca como un actor clave. Así ha ocurrido en Zaragoza, donde la alcaldía finalmente ha acabado en manos de la derecha, pese a los indicios iniciales de que recaería en el PSOE. El partido de Santiago Abascal había amenazado con dejar gobernar a los socialistas, pero finalmente el alcalde será Jorge Azcón, del Partido Popular. Este partido, origen de buena parte de sus dirigentes y votantes, no tiene ningún problema en avalar a Vox como un agente igual que los demás. Pero el partido de Rivera ha tratado de mantener una especie de realidad paralela en la que usa los votos de Vox para gobernar, pero no quiere negociar con ellos. Casi finge que no existen.

Uno de los pocos lugares donde esa lógica de bloques se fractura es Cartagena. Un acuerdo de última hora ha dado un vuelco en esa ciudad, donde se daba casi por seguro que gobernaría en minoría el partido local cantonalista Movimiento Ciudadano, que fue la lista más votada, con 8 concejales (la mayoría absoluta está en 14). Sin embargo, PP (7 concejales), PSOE (6) y Ciudadanos (2) han alcanzado un acuerdo por el que la socialista Ana Belén Castejón repetirá como alcaldesa los dos primeros años de la legislatura y después cederá el testigo a la cabeza de lista del PP, Noelia Arroyo. Ambas se repartirán también las vicealcaldías, mientras que el cabeza de lista de Cs, Manuel Padín, será teniente de alcalde. Completan la corporación municipal 2 ediles de Vox y otros 2 de Podemos.

Un inesperado voto en blanco ha dado a Luis Felipe (PSOE) la alcaldía de Huesca. La candidatura socialista había sido la más votada. A la lista de curiosidades se suma también Melilla, donde Eduardo de Castro, de Ciudadanos, se ha quedado con la presidencia de la ciudad autónoma tras casi dos décadas de gobierno del PP. Era el único diputado de Cs y ha contado con el apoyo del PSOE y de Coalición por Melilla.